«A mí es que me da pesar». Esa frase, dicha con culpa y en voz baja, es probablemente la más repetida en las conversaciones sobre crianza. Pero, ¿esto es crianza con amor?
Da pesar verla llorar. Da pesar quitarle la tablet cuando está feliz. Da pesar decirle que no cuando uno pasa poco tiempo con él y no quiere que ese poco tiempo sea de peleas.
De ese pesar nace una idea muy extendida: que criar con amor consiste en evitarle al hijo todo lo que le duela. Y es justo al revés.
Qué se entiende por la crianza con amor
Cuando alguien dice que cría con amor, casi siempre está diciendo una de estas dos cosas.
La primera: que no quiere criar como lo criaron a él. Que en su casa hubo correa, gritos o silencios largos, y que decidió cortar con eso. Es un punto de partida enorme y merece reconocimiento, porque romper una cadena de generaciones no es poca cosa.
La segunda: que le cuesta sostener el malestar de su hijo. Que cuando el niño llora, protesta o se enoja, algo dentro del adulto se activa y necesita que eso pare ya.
Las dos vienen del mismo lugar bueno. Pero solo la primera hace parte de la crianza con amor. La segunda es criar desde la propia incomodidad, que es distinto, y termina dejando al niño sin algo que necesita.
Amor no es ausencia de norma
Piénsalo así: un niño llega al mundo sin ninguna referencia sobre qué es peligroso, qué es urgente y qué puede esperar. Todo eso se lo da el adulto. La norma no es un obstáculo al afecto: es una forma de afecto.
Cuando los niños no tienen una estructura no tendrán libertad. Se sienten perdidos, y muchas veces asustados. Por eso los niños empujan los límites una y otra vez: no están tratando de derribarlos, están comprobando que existen y que aguantan. Cuando aguantan, se relajan.
De ahí sale la fórmula que resume todo el asunto: afecto sin estructura puede convertirse en permisividad; estructura sin afecto puede convertirse en autoritarismo. La crianza con amor está en el cruce, y sostener ese equilibrio cansa más que irse a cualquiera de los dos extremos.
Es importante aclarar estos dos conceptos que suelen confundirse con la crianza con amor:
- Consentir significa flexibilizar o dejar de aplicar una norma con el propósito de evitar una situación de incomodidad o malestar. Es una decisión del adulto tomada por comodidad propia, aunque se sienta como generosidad.
- Consentir en el buen sentido —mimar, engreír, hacerle cariño— no tiene nada que ver con la norma y no le hace daño a nadie. Se puede abrazar mucho y ceder poco.
«El verdadero reto de criar no es ser más cariñosos ni más estrictos. Es aprender a poner límites sin romper la conexión y conectar sin renunciar a nuestro papel de guías.»
Lina Acosta
Tres situaciones cotidianas y cómo se resuelven
El postre antes de la comida. Tu hijo de cinco años pide postre antes de almorzar y ante el «no» se pone a llorar. Consentir: se lo das para que pare. Autoritarismo: «Deja de llorar por bobadas». Con amor: «El postre es después del almuerzo. Sé que te dan ganas ahora». Y sostienes. El llanto puede seguir un rato; no es una emergencia y no lo estás dejando solo.
Decir adiós en la puerta del colegio. Se te cuelga y no quiere que te vayas. Consentir: te quedas veinte minutos más, todos los días. Autoritarismo: te vas sin avisar para evitar la escena. Con amor: una despedida corta, la misma siempre, dicha en voz clara: «Me voy y vuelvo por ti a las tres». Predecible, breve y cumplida.
El acuerdo roto. Habían quedado en media hora de tablet. Pasó una hora. Consentir: «Bueno, ya qué». Autoritarismo: una semana sin pantallas, decidido en caliente. Con amor: «Nos habíamos quedado en media hora. Hoy se acabó y mañana empezamos otra vez». Corto, sin discurso, y mañana se cumple de verdad.
Fíjate en el patrón: en las tres, la norma no se mueve y la emoción sí se reconoce. Ese es todo el método.

Qué pasa cuando solo hay afecto y no hay estructura
No pasa nada dramático de un día para otro. Pasa despacio, y por eso cuesta verlo:
- El niño escala. Si el límite cede ante el llanto, aprende que el llanto es la herramienta. Llorará más fuerte para conseguir lo que desea en la próxima ocasión. No es manipulación: es aprendizaje, y funciona.
- El adulto se agota y termina explotando. Se cede, se cede, se cede, y a la décima se estalla con una desproporción que no corresponde a nada. Después viene la culpa, y de la culpa sale otra cesión. La rueda gira.
- El niño llega sin herramientas a la etapa siguiente. Un niño al que nunca le tocó tolerar un «no» pequeño a los cinco años, se encuentra a los diez con «no» que sí importan —los del colegio, los de los amigos— y sin práctica para digerirlos.
La ironía es que evitarle frustración hoy le hace la vida más difícil mañana. Tolerar la frustración se entrena, como todo, y se entrena en dosis pequeñas y acompañadas. Esto hace parte de la crianza con amor.
Todo lo que debes saber sobre crianza con amor
¿Crianza con amor significa no decir que no?
No. Significa decir «no» sin humillar y sin retirar el cariño. El «no» sigue estando; lo que cambia es cómo se dice y qué pasa después.
¿Mis hijos se van a aprovechar?
Van a probar, que no es lo mismo. Probar el límite es parte del trabajo de ser niño. Si el límite se sostiene con calma unas cuantas veces, dejan de probar ese y pasan al siguiente. Si cede, siguen insistiendo en ese, porque funciona.
¿Cómo lo hago si a mí me criaron a los golpes?
Con más esfuerzo que otras personas, y vale la pena decirlo sin adornos: estás construyendo algo que nunca viste hacer, y no tienes de dónde copiarlo. Dos cosas ayudan. La primera es aceptar que vas a reaccionar como te enseñaron antes de poder elegir otra cosa, y que eso no borra el trabajo que estás haciendo. La segunda es saber que en Colombia esto ya no es solo una preferencia personal: desde 2021 el castigo físico está prohibido por ley, y esa ley existe precisamente porque muchísimas familias crecieron así. No estás sola en esto.
¿Y si mi pareja consiente todo lo que yo sostengo?
Ese es el escenario que más desgasta, más que cualquier pataleta. El niño no se confunde: aprende a quién pedirle qué. Vale más un acuerdo imperfecto entre los dos adultos que un método perfecto aplicado por uno solo. Y esa conversación se tiene sin el niño delante.
El fundamento de la crianza con amor está en el respeto. Conoce más sobre este tema en mi blog: Qué es la crianza respetuosa: guía completa para madres y padres en Colombia.
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